lunes, 15 de mayo de 2017

Hallazgos

   Viajar parecía cada vez más rápido. Era la segunda vez en el año que Roberto tomaba el transbordador que lo llevaría de la ciudad de París hacia Hiparco, la ciudad más poblada de Tritón. El viaje tomaba un día entero pero con la tecnología disponible no parecía ser más que un viaje en taxi. Cuando los pasajeros se despertaban de su sueño causado por un gas especial que soltaban al momento del despegue, sentían como si apenas acabaran de subirse al vehículo y no notaban los miles de millones de kilómetros recorridos.

 Hiparco era una ciudad muy activa. No solo porque era una de las más cercanos al Borde, sino porque se había convertido en el refugio de artistas incomprendidos y científicos que querían probar nuevas teorías. Era una ciudad sumergida en los grandes conceptos y por todo lado se podía ver gente tratando de lograr algo completamente nuevo. No era de sorprender que de allí hubiese salido una de las óperas más famosas jamás compuestas y un tipo de plástico que ahora todo el mundo utilizaba.

 El trabajo de Roberto consistía en algo muy sencillo: vender. Claro, la gente lo podía pedir todo por una computadora y poco después algún robot se lo entregaría casi sin demora. El problema era que muchas veces las personas querían un trato más cercano, con un ser humano mejor dicho. Aparte, Roberto no solo vendía sino compraba y esa era en realidad su actividad primaria. Iba de ciudad en ciudad viendo que podía encontrar, ojalá objetos valiosos de épocas pasadas.

 El negocio era familiar y había sido su abuelo el que lo había fundado hacía unos cien años. Desde ese entonces, por la tienda de la familia habían pasando incontables objetos de diversos usos. Roberto había llegado a Hiparco buscando nuevas adiciones. La mayoría era para vender pero muchos de los verdaderamente valiosos se quedaban con la familia. En parte era por el valor pero también porque adquirían una importancia sentimental fuerte, que parecía ser característica de la familia.

 En Hiparco, Roberto visitó en su primer día a unas diez personas. Estos eran los que querían ver los nuevos avances o necesitaban ayuda con sus compras. Ese primer día era para él siempre sumamente aburrido, pues resultaba algo rutinario y no tenía ningún interés verdadero en mostrarle a nadie como se reparaba su aspiradora de última generación. Los días que disfrutaba de verdad eran el segundo y el tercero. Eso sí, jamás se quedaba más de tres días en una misma ciudad, o sino no terminaría de hacer sus viajes por el sistema solar nunca.

 El segundo día en Hiparco era el emocionante. Roberto se despertó temprano y salió a caminar por los hermosos senderos de la ciudad. Tritón estaba en proceso de terraformación y por eso solo la gran ciudad tenía verde. El resto del satélite estaba completamente muerto, como lo había estado hacía muchos años durante la época del padre del padre de Roberto. Daba un poco de susto pensar en que en ese entonces el lugar donde él estaba parado no era más sino un arrume de piedras y polvo.

 Su primer destino fue el mercado de la ciudad. Allí siempre encontraba aquellos que tenían algo que ofrecer. En efecto, no había estado ni cinco minutos allí cuando empezó a charlar con una mujer que vendía tabletas de ingestión. Al decirle su trabajo, ella saltó y le ofreció mostrarle uno de los mayores secretos de su familia. Roberto tuvo que esperar un buen rato para que la señora buscara su objeto, cosa que no le hizo a él mucha gracia. Perder el tiempo no era algo productivo.

 Cuando volvió, la mujer tenía en las manos una bolsita de cuero. Roberto sabía que era cuero porque lo había tocado varias veces pero era uno de esos materiales que nunca deja de sorprender. Este en particular, era extremadamente suave y oscuro, como si el proceso para fabricarlo hubieses sido dramáticamente distinto al de otros cueros. La señora dejó que el hombre tocara la bolsita un buen rato hasta que decidió tomarla y mostrarle lo más importante: el interior.

 Adentro, había algo que Roberto no esperaba ver. Era algo tan poco común como el mismo cuero. Gracias a sus conocimientos y algunos recuerdos vagos de infancia, supo que lo que veía adentro de la bolsita eran monedas. Sacó una con cuidado y la apretó entre dos dedos. Era sólida como roca pero con una forma redonda muy bonita. Lo más destacable era que estaba muy bien conservada; las dos caras seguían teniendo el relieve original que tenía una imagen diferente en cada lado.

 Al preguntarle a la mujer por el origen de las monedas, ella confesó que había sido su marido el que había guardado esa bolsita por años. Ella la encontré después de él haber muerto, no hacía sino algunos meses. Dijo que las monedas no tenían para ella ningún significado y que preferiría algunos créditos extra en su cuenta y no unos vejestorios por ahí, acumulando polvo en su casa. El obro le pagó de inmediato y salió con su hallazgo del mercado. Tan feliz estaba que decidió no recorrer la ciudad más ni seguir buscando objetos para comprar. Quería volver a su hotel deprisa.

 Allí, revisó individualmente el contenido de la bolsita de cuero. Contó ocho monedas adentro. Pero cuando vacío el contenido sobre el escritorio de la habitación, pudo ver que había algo más allí. Era algún tipo de tecnología antigua, tal vez hecha al mismo tiempo que las monedas. Era un objeto plano, de color brillante. Su tamaño era muy pequeño, más o menos igual que un pulgar humano, y era ligeramente rectangular, casi cuadrado. Roberto lo revisó pero no sabía lo que era.

 Como ya era tarde, decidió acostarse para en la mañana tratar de hacer más compras antes de tener que volver a la Tierra. El transbordador salía a medio día así que debía apurarse con sus compras. Sin embargo, a la mañana siguiente, Roberto no encontró nada que le interesara. Nadie tenía nada más importante que las monedas y eso era lo único que a él le interesaba, pues no hacía sino pensar en ellas. Y también en el misterioso objeto de color brillante, que parecía salido de un sueño.

 Cuando terminó su ronda infructuosa, regresó al hotel a recoger sus cosas. Tomó su maletín de trabajo y salió hacia el transbordador. En lo que pareció poco tiempo llegó de vuelta a casa, donde tuvo la libertad de revisar las monedas a sus anchas. Por su investigación, que duró apenas unas horas, pudo determinar que se trataba de un tipo de dinero utilizado en una zona determinada de la Tierra, muchos años en el pasado, de la época de su bisabuelo.

  Cada moneda tenía un lado único, diferente, lo que las hacía más hermosas. Su meta sería conseguir más, para ver que tan variadas podrían ser. La búsqueda de información sobre el otro objeto no fue tan fácil como con las monedas. Todo lo que tenía que ver con tecnología era difícil de rastrear por culpa de la misma evolución de todo lo relacionado con el tema. No fue sino hasta una semana después cuando un coleccionista le consiguió un libro que explicaba que era el objeto.

 Debió usar guantes para no destruir el libro. El caso es que había una foto de su hallazgo y se le llamaba “Tarjeta de memoria”. Era un dispositivo en el que se transportaba información hacía muchos años. Es decir, que adentro podría tener mucho más de lo que cualquier otro objeto le pudiera proporcionar a Roberto.


 La felicidad le duró poco puesto que los lectores de esa tecnología ya no existían. Ni siquiera los museos tenían algo así y menos aún que sirviera todavía. Así que por mucho tiempo, Roberto se preguntó que secretos guardaría ese pequeño fragmento de plástico en su interior.

viernes, 12 de mayo de 2017

Singing

   She was in a city she had never been in before. But Claudia didn’t mind at all. She couldn’t pay attention to anything else. Her turn on stage was scheduled in about two hours and she was very nervous.  In the car, she looked at her hands frequently and sang her song in her head, repeating it over and over, in order to prevent any accident to happen. Her hands were already a little bit sweaty and she knew her makeup had to be retouched once they got to the arena, which would be in just some minutes.

 Her agent looked at her and told her she didn’t have any reason to be nervous. The contest she was in was crowded with first timers and Claudia was all but that. She had been singing since she was a little girl and hadn’t stop for a moment. Her first public appearance at a singer had been in a local state fair, back when she was only five years old. Even then, people fell in love with her voice and the magnificent range she had. Many people thought her voiced was tricked or something.

 But that wasn’t the case. That little detail made her instantly well known among the people of her town as well as some others in the vicinity. That was the beginning of her singing career and year and years of investment in a voice that was very particular but incredible subtle too. People just loved it and she made the effort, every single time, to make the best out of every single concert she had. But, somehow, this contest seemed to really make her nervous, beyond anything she had felt before.

 The day she entered the contest, she didn’t really feel she was going to get the spot. After all, many other young singers wanted to be there. The trials for the event were very harsh and it was the first time Claudia was authentically scared for her voice, the reason being she was using it almost everything, without any rest whatsoever. Thankfully, she was able to sing the day she was chosen to be in the contest. The very next day, she decided not to talk for a while in order to preserve her voice.

 The car finally arrived to the arena, entering an underground parking lot and stopping just in front a big door and a woman holding a notebook. She was the one verifying everything was all right. She checked their papers and then told them where to go next: the assigned changing room where Claudia would have the chance to dress up for her performance. She had brought a very nice dress that her mother and father had bought for her just after they received the news of their daughter participating in the festival. The dress was just perfect and so were her parents.

 She thought of them as she put on the dress, which was blue with many sparkles all around. The outfit came with a pair of earrings and a necklace, both made of silver. They had once being the property of her grandmother, another woman in her family that had been known for her amazing voice but did not have the chance to sing professionally. Partly because she decided to have a family before a career, but also because she had to suffer a lot and singing was not a priority.

 Claudia, on the other hand, realized she had never really suffered anything. The irony was in that her song was about exactly that. So she felt a little bit like a hypocrite. So bad she felt, that she decided to try and change the song chosen to be performed in the contest. But it was impossible to change her entry at that late point in the process. She had to sing what she had decided to sing in the beginning, no matter if she liked it or not. She had to look inside herself a connection to the song.

 Many people think that’s bullshit. They think that an artist can just speak about whatever subject they want and there won’t be any trouble and all. But that’s not true. If you don’t feel the subject that you’re going to be handling, there’s a big chance you won’t be able to deliver. An artist is supposed to shake you to the core, by making you realize things about yourself that you didn’t even know about. No matter what art for it is, people expect to be moved in one or the other.

That was the problem that Claudia had with the song and she had to really learn the lyrics and understand the meaning in order to find her unique connection to the song. It took her several weeks to connect to it but she finally made it. The improvement of her performance was notable. Before, it just seemed she was a very good singer, doing a nice job with a random song. But after properly exploring it, her voice and the lyrics appeared to turn in the whirlwind of emotions, pure heart.

 That’s why she always cried after each performance of the song. She did it all the rehearsals and she did it the night she was chosen to be in the contest. And she will probably do it there again because that was the connection that she had created to her song. She thought about all of this looking at the mirror, once she was fully dressed for her presentation. The first performer of the night was already singing and now she had to go and stand in line for her turn to come. It was nerve-cracking and every other singer there looked worried, none of them tried to hide it.

 Thankfully, she was in the middle of a thirty people group. So she didn’t have to wait a long time to sing but she wasn’t thrown into the stage too fast either. She just sang the song inside her head over and over and tried not to look at the other competitors. Claudia also tried to tune out the voice of the person singing at the moment, which was very difficult because only a thick curtain separated the singers on the line from the one performing on stage. It was a rush of energy.

 Finally, her turn came. She walked slowly towards the microphone, that way prevent herself to trip or step on her dress or something. She controlled her breathing and closed her eyes the moment she arrived on the spot she had to be in. She had to wait for her music to begin and that seemed to take years. Of course, they were only a few seconds but it seemed forever then. She even had time to think about her parents, the only people she really cared about in the whole world.

 The music began and her voice began flowing out of her body, filling every single part of the enormous stage and beyond. People looked at her ecstatic but she didn’t looked at the audience. She was singing to herself and to her parents, looking up, to a point far away into the bright lights that bathed her with a bluish light. Her arms moved, her legs were in tension and her chest was doing a lot of the work. But everything went perfect, even better than expect. When she finished, she cried once again.


 The cheers and screams and expressions of joy from the audience were just overwhelming. Everyone seemed to love her song, her voice and her performance. She had really managed to make the song her own and now, even if she wasn’t able to win the contest, it didn’t matter. She had proven to herself what she was capable of and that was something she had not expected to learn there. She had just come to sing and she pulled away from the stage having changed as a person and a singer.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Rutina semanal

   Como todos los días que iba a la panadería, la señora Ruiz compraba pan francés, una caja llena de panes surtidos y un pastelillo relleno de crema para acompañar el café de las tarde. Como siempre, iba después del almuerzo, muy a las dos de la tarde. Le gustaba esa hora porque podía ver a las personas volviendo a sus puestos de trabajo. A veces compraba algo extra para comerlo sentada en alguna de las bancas del sendero peatonal que tenía que atravesar para llegar a casa.

 Cuando lo hacía, era porque el día era muy bello o porque en verdad quería ver a la gente pasar. Algunos parecían tener problemas serios, iban con la cabeza agachada y la espalda visiblemente tensionada. Otros iban de un lado a otro con una gran sonrisa en la cara, incluso reían. Siempre que veía a alguien así, se le pegaba la risa o se daba cuenta que estaba sonriendo sin razón aparente. Veía gente joven y gente mayor, mujer y hombres, empleados y dueños de empresas. Para ella era apasionante.

 Pero la mayoría de veces, prefería regresar pronto a su casa, en especial porque el clima no dejaba que se quedara mucho tiempo caminando por ahí. Los peores días eran sin duda aquellos en los que ni siquiera podía salir por culpa de la lluvia. Quedarse sentada en casa, viendo la televisión o en la sala tratando de leer mientras las lluvias golpeaban el vidrio de la ventana, no era su manera favorita de pasar un pedazo de la tarde. Ya se había acostumbrado a ver la cara de la gente e imaginar sus vidas.

 Tanto así, que mantenía un pequeño diario y anotaba algunas líneas todos los días. Esta era su tarea justo antes de preparar el café y comerse su pastelillo de crema. Todo su día estaba completamente ordenado, desde las siete de la mañana que se despertaba, hasta las once de la noche, hora en la que normalmente estaba en cama para dormir. Su rutina diaria estaba perfectamente definida. Algunas personas le decían que eso podía ser muy aburridor pero para ella era perfecto.

 La señora Ruiz era viuda y no tenía a nadie con quién compartir sus cosas, ni dentro de la casa ni fuera de ella. Su marido había muerto hacía menos de diez años de un ataque al corazón, cuando todavía era bastante joven, o al menos lo suficiente para estar disfrutando su pensión. Toda la vida había trabajado, desde muy joven, y durante un largo tiempo había buscado la jubilación para poder disfrutar de la vida. Sin embargo, fue meses después de dejar de trabajar cuando el ataque se lo llevó y condenó a la señora Ruiz a estar solo por una buena parte de su vida.

  Había hijos, un hija y una hoja para ser más exactos. Sin embargo, poco la visitaban. A ellos se les había vuelto rutina llamar una vez por semana y creían que con eso cumplían la obligación de estar en contacto con su madre. Solo venían físicamente cuando ella cumplía años o cuando necesitaban algo de dinero, pues su marido le había confiado todos sus ahorros y ella recibía el cheque de la pensión sin falta. Era gracias a ese dinero que podía vivir bien a pesar de no tener a nadie.

 También venía o, mejor dicho, se la llevaban los días de fiesta como Navidad y todo eso pero para ella era siempre un momento muy estresante porque pasaba de no ver a nadie a ver montones de personas, muchas veces gente que ni conocía. Le gustaba pero su cuerpo se cansaba rápidamente y no podía quedarse con los más jóvenes por mucho tiempo. Incluso jugar con sus nietos era un reto para ella y eso que le encantaba hacerlo porque se sentía muy a gusto con ellos.

 Pero eso casi nunca pasaba. Por esos sus salidas después de comer. A veces también salía por las mañanas pero eso solo cuando tenía alguna cita médica o cosas de ese estilo. Odiaba confesarlo pero le encantaba tener esa cita una vez al mes pues el doctor era muy amable con ella y muy guapo también. Era casi como un cita para ella. Además veía otra gente en el hospital y se distraía por algún tiempo más en la semana. Era triste estar feliz en un hospital pero le pasaba seguido.

 De resto, en casa solo tenía montones de libros y la televisión. En cuanto a los primeros, había leído ya un gran número. Su esposo había sido un ávido lector y había comprado muchos títulos a lo largo de los años. Había cuanto genero se pudiera uno imaginar, así como libros gordos y libros muy delgados. Había libros de arte llenos de imágenes y otros de letra pequeña y casi sin espacios para descansar la vista. Lentamente, todos ellos se habían vuelto parte de su rutina diaria.

 En cuanto a la televisión, no era algo que ella adorara. La gente piensa que a todos los adultos mayores les encanta ver la tele pero la señora Ruiz era la prueba de que eso no era cierto. Solo veía algunos programas y lo hacía de noche, cuando necesitaba estar cansada. Porque eso era lo que le provocaba la televisión: un cansancio completo con el volumen que tenía y las imágenes rápidas. Solo veía o trataba de ver una telenovela. Lo peor era cuando se terminaba una y comenzaba la otra, pues a veces se perdía con frecuencia en la trama.

 Los fines de semana eran tal vez sus días favoritos. El domingo era más calmado pero desde hacía años había decidido que el sábado sería su día de hacer lo que ella quisiera. Es decir, que lanzaría su rutina por la ventana, por un día, y haría solamente lo que se le ocurriera. Esto podía resultar en días muy distintos de una semana a otra y eso era precisamente lo que ella estaba buscando, algo de emoción y cambio en su vida, que era sin duda monótona y cansina.

 Muchas veces optaba por ir al cine. No iba siempre a la misma hora y después siempre comía algo en la enorme plaza de comidas del centro comercial que le quedaba más cercano a casa. Como podía caminar hasta allí, era perfecto para cuando quería distraerse con cualquier cosa. Las películas que elegía eran siempre diferentes y cada vez que lo hacía pedía el consejo de una joven cajera que conocía de siempre. La joven le explicaba que nuevas películas habían llegado y de que se trataban.

 Cuando era joven, a la señora Ruiz no le había interesado mucho ni el cine ni muchos de sus géneros como el terror o la ciencia ficción. Pero ahora que era mayor, le encantaba ver películas muy diferentes las unas de las otras. Un sábado era alienígenas asesinos, el siguiente una pareja enamorada en alguna ciudad europea y al siguiente una película llena de explosiones y artes marciales. Ninguna recibía su descontento, muy al contrario. Todas la hacían muy feliz.

 A veces, si todavía tenía energía después de la película y de comer, se ponía a pasear por el centro comercial. Recorría cada pasillo, sin importar si estuviera lleno de gente o más bien vacío. Le gustaba hacerlo pues así llegaba rendida a casa y dormía mucho mejor de lo normal. Le gustaba estar cansada para sentir que había tenido un día igual de agitado que los demás. Sentía a veces que nada había cambiado y, aunque eso obviamente no era cierto, la ilusión la hacía sentir plena.

 Los domingos los tenía reservados en su rutina semanal. Esos días siempre se vestía con sus mejores vestidos y se arreglaba como si fuera a ir a una fiesta. Pero esa no era la razón. Contrataba un servicio especial que la llevaba a su destino y las esperaba lo suficiente.


  Iba siempre con flores y se sentaba al lado la tumba de su marido por horas y horas, a veces solo la levantaba la lluvia o el frío de la noche que llegaba. Durante ese tiempo, hablaban largo y tendido, o esa era la idea. Los domingos eran solo para él.

lunes, 8 de mayo de 2017

Inside

   Of the first night, I only remember when one of the nurses looked at me and she had this weird expression on her face. It wasn’t really fear but something else. Maybe it was pity or something similar. Anyways, I will always remember her face over mine, looking down on me. I felt I was already on the hole to be buried. You tend to get very dramatic when you’re sick. And that was the first time I was really sick. Doctors would tell me, months later, that I could have died.

 It was the fever that prevented me from remembering anything from that first day. But as time went by, I started remembering more and more things. For example, I know for a fact that on the second day, a male nurse came and stared at me for several minutes. I think he thought I was asleep or in a coma or something. I knew he was there because of his reflection on the window. It was very creepy. Maybe he did something to patients or something. I would know about it later.

 They gave me actual food only a week after I had entered the hospital. Before that everything had to get in me through an IV. I felt miserable, weak and fearful that so many things could happen. I was scared they would discover something in me that might mean then end of my life. I thought that stay in the hospital would be the death o f me and, again,  I don’t think you can blame someone for being overdramatic in a hospital. Awful things happen in those places every day.

 Luckily, with time, I was able to recuperate. It wasn’t fast at all but at least not every single bone in my body was aching. The pain started to go away and I was just so grateful that it was all coming to an end. I felt it was going to be going on for many more weeks but thankfully it didn’t. They did not discover anything strange, rather the opposite. What they did tell me was that I wasn’t eating well and that I should be trying to eat more regularly and more types of food.

 True, I had been neglecting my meals before getting sick. I had lost any interest in food or in anything that wasn’t going to give me what I really needed in life. I became obsessed with achieving one goal and it was then when I became ill and couldn’t even continue achieving that goal. I wanted to be successful and finally prove myself and others that I was worth something. That drive lasted shortly, as my stay in the hospital just changed everything for me. I didn’t do what to do, again. I was confused and relieved at the same time, it was pretty confusing.

 One month after leaving the hospital, I had to go back for a check up. They wanted to verify everything was ok. I had all the time needed because my ambition had been cut short and now I had no idea what to do, how to proceed. Unfortunately, I fainted in the waiting room, just as the doctor was preparing to receive me. They laid my body on a stretcher and gave me something so I could sleep for a couple of hours. Somehow, they knew I hadn’t been able to do it by myself for weeks.

 That time, they did found out that I had some sort of disease, a condition as they said. It’s very difficult to explain what it is and the name is even stranger but the point is that thing makes me weaker as time goes by. It has been inside me for a long time and now it will live in me forever until my death, which might be caused by it. Not directly but the weaknesses my body have will enable diseases and other awful stuff to just come through and attack my body in the easiest way.

 I was put in a room again and stayed in the hospital for a couple of days. I remember I cried a lot that time, because I felt I finally knew when and where I was going to die. Of course, I didn’t know for sure but it was pretty obvious that I would have to deal with something that most people have no idea about. If I had ever wanted to go back and try again l my failed attempts to be successful, with those news it seemed my world had ended and there was no way to turn it back on.

 I didn’t know what to do. When I saw my parents checking the prices of the pills I would have to take for life, I felt even more like a leech, useless and pathetic. I can recognize that I thought about killing myself but my body or something else wouldn’t let me. I found myself to feel not only weak but empty. I had nothing left inside and couldn’t even fathom the possibility of feeling anything ever again. I was in my lowest point ever and only a miracle could save me.

And it did. As it happens, I had been taking pictures and putting them online, for several years actually. I had many followers but they rarely commented. One of them was the male nurse that stood by my bed that time I got sick. I ran into him this one time, when I went for another check up. He reunited the courage to tell me he was a huge fan of mine and that he would love if I accepted to have coffee or something with him. Feeling so down, I said yes only to keep walking and reach my doctor’s office. I even gave him my cellphone number.

 Days later, he called and told me he could go near my house if I preferred. The point is, he is the most charming person in the world. We have been talking for a few months now and I think his interest and original take on everything that is happening to me, helps a lot in making me feel less sick of myself and more proud of the few things I’ve done. He makes me feel good when we’re together and that’s the best. He likes to hold my hands a lot and hugging me is a apparently a hobby for him.


 My disease is still there though and sometimes I can almost feel it moving through me. I feel like a bomb about to go off but no one knows exactly when, not me, not the doctors, not my family. But one day. The important thing is, it’s now right now and that’s something.