sábado, 4 de julio de 2015

El camino de Pedro

   Pedro había empezado a los dieciocho años, en un tiempo cuando no tenía nada de dinero para sus cosas y vio la necesidad de conseguirlo a como diera lugar. Él estaba solo en la ciudad, habiendo llegado del campo, y por alguna razón no conseguía trabajo. Cuando por fin consiguió, era para un hombre que podría haber sido clasificado como esclavista en una tienda donde, más que nada, se vendía contrabando. El trabajo de Pedro era el de mover cajas para un lado y otro y moverlas casi todos los días a diferentes bodegas por toda la ciudad. Esto era, supuso él, para despistar a las autoridades y que al tipo ese nunca lo cogieran. Pero lo hicieron y a Pedro se le acabó el trabajo. Había venido a la ciudad a tener una mejor vida pero eso todavía no había sucedido.

 Había veces, muy pocas, que sus padres lograban enviarle algo de dinero. Este apenas le alcanzaba para pagar el cuarto donde se estaba quedando. La comida y todo lo que no involucrara esa pequeña y mohosa habitación, tenía que pagarlo él como pudiera. Ayudaba en supermercados, en la plaza de mercado, de mensajero para el que fuera, en restaurantes como mesero temporal. Pero ninguno era un trabajo permanente lo que significaba que ninguno de ellos podría asegurarle nada en su vida. Había días que comía solo una vez y nunca era mucho de nada. Tal vez algo de arroz que le regalaba una vecina o un pedazo de carne que le regalaban de los sitios donde trabajaba o un pastelito o algo así que hubiera en una tienda. Con eso vivía o, mejor, sobrevivía.

 Una vez tuvo trabajo por dos semanas completas, yendo todos los días. Se trataba de una bodega que debían abastecer en ese tiempo. No sabía cual era el producto que guardaban allí pero no le interesaba saberlo. Solo trabajó duro y al final tuvo su primera paga en billetes y monedas. Obviamente no era mucho, porque todo el mundo le veía la cara de recién llegado, de inocente, y se aprovechaban de ello para no pagarle lo justo. Pero lo que él no sabía, no lo hería. Se alegró al ganar su primer salario decente y decidió ahorrarlo para tiempos peores que no demorarían en llegar. Tuvo que aguantar ver sitios de comida deliciosa y productos que le llamaban la atención. Era una tortura.

 Pero algo que quería hacer, desde incluso antes de llegar, fue ir a un café internet. Había oído de las computadoras y demás en su pueblo pero allí solo había un par en el colegio y apenas había podido tocarla. Decidió darse el gusto y pagó por una hora entera de antemano. A pesar de que no sabía nada al respecto, fue bastante fácil comprenderlo todo. En unos minutos estuvo en su elemento y pudo ver resultados del fútbol, noticias e incluso fotos de su pueblo que le hicieron recordar a sus padres y al olor del campo en la mañana, cuando ellos salían a trabajar y él se iba a la escuela. Extrañaba su campo.

 De repente, una ventana se abrió de golpe. Eran dos chicos y hacían algo que él jamás había visto. Después se abrió otra con dos chicas y al final una tercera donde un chico delgado miraba directo a la cámara, como seduciéndola. El afán de Pedrose disipó por un momento ya que el aviso decía algo de ganar dinero y la cifra que ponían era increíble. Había una palabra que no entendía pero no supo más porque uno de los encargados del café le dijo que el sitio no era para mirar esa clase de cosas. Así que lo sacó antes de que se le terminara la hora y Pedro quedó preguntándose que era eso que había visto. La verdad había sido una debilidad porque la cifra era increíble pero pensó que seguro habría mucho que hacer para conseguirla.

 Los días pasaron y, de nuevo, era difícil encontrar un trabajo decente. De nuevo le pagaron con comida o con algunos billetes que en verdad no alcanzaban para nada. En esos días, recibió una carta de su padre que le decía que por un mes no recibiría nada de dinero pues la cosecha pasaba por un mal momento y no tendrían como ayudarlo. La carta no decía nada más y eso hirió un poco a Pedro pero tuvo que tomarlo de la manera más madura de la que fuese capaz. Ahora debía sobrevivir como nunca y lo mejor era ponerse a trabajar. Como pudo, repartió volantes para un restaurante, pinto muros e incluso ayudó en una iglesia a matar algunas ratas que la infestaban pero en ninguno de los trabajos le pagaron algo decente, ni siquiera en la iglesia.

 Y entonces recordó de nuevo la cifra que había visto en la pantalla del computador y supo que debía saber más. De pronto no era algo tan malo como él pensaba. Decían que la internet ayudaba a la gente de muchas maneras en otros sitios así que podría ser su vía para una vida mejor. De sus ahorros sacó, con dolor, el pago de una hora en otro café internet, donde por la clientela, supo que no lo juzgarían por ningún contenido. Se hizo al fondo y trató de recordar que decía el aviso para buscarlo. Ya no recordaba la palabra que había visto pero decidió ser recursivo y escribió “chico desnudo”. La cantidad de imágenes que vio fue demasiado así que agregó la palabra “dinero”. Y entonces lo encontró.

 Era el mismo sitio que antes. Decían dar una muy buena paga por trabajar como actor y modelo. Daban un número de teléfono, un correo electrónico e incluso una dirección. Pedro había venido preparado y lo anotó todo en un papelito que tenía doblado en el bolsillo. Sin perder tiempo, le preguntó al encargado del sitio donde quedaba la dirección y el hombre le dijo como llegar. Para su sorpresa, no era muy lejos. Decidió caminar, en parte por lo cerca y en parte porque no tenía dinero para bus, y llegó en uso minutos. La dirección era de una casa vieja pero bien mantenida. Las ventanas estaban tapadas con cortinas y cuando golpeó, parecía que nadie iba a venir a abrir.

 Cuando por fin abrió un hombre alto y bien afeitado, le dijo que se fuera, que no era lugar para niños. Pedro le dijo que tenía dieciocho y que había visto el anuncio en internet. El tipo se le quedó mirando. Lo miró de arriba abajo y por todos lados hasta que le preguntó si sabía en que consistía el trabajo. Pedro negó con la cabeza y el tipo lo invitó a pasar. Le pidió que lo siguiera a un segundo piso, donde había varios cuartos pero todos cerrados. Ellos entraron a una oficina donde había pantallas y computadores y nadie más. El tipo se sentó y señaló a las pantallas. Y Pedro entendió lo que los chicos hacían. En la pantalla se veía a la perfección como se quitaban la ropa frente a una cámara conectada a un computador.

 El tipo le dijo que si quería entrar, la paga era más que generosa. Le dijo además que por su cuerpo y aspecto tal vez podría pagarle más. Con ropa y todo, el hombre veía que los músculos del chico eran bastante marcados, por tanto trabajo subiendo y bajando y cargando cosas. Además le dijo que a muchos les gustaba el niño con cara de inocente y sumiso, así que de pronto pagarían más por él. Si más gente lo pedía, más paga recibía. Pedro se sentía un poco abrumado y nervioso. El tipo lo miraba de una manera que no le gustaba pero él pensaba en lo que podía hacer con el dinero. Incluso podría ayudar a sus padres pero no sabía que hacer. El tipo le dijo que viniera al día siguiente y lo pensara esa noche. La decisión era difícil y él lo sabía.

 Esa noche, Pedro prácticamente no durmió. Pensó en todo lo que podría comprar, en los sueños que podría realizar con tanto dinero. Tal vez incluso estudiar algo, si ganaba lo suficiente. Lo bueno era que no tenía que estar con nadie en un cuarto sino que era solo frente a una cámara. Era como bailar pero sin ropa o algo así. Era muy raro pensar en eso y en gente que le gustaría verlo desnudo. Pero aparentemente la había, pues el tipo de la agencia, como decía llamarse, le había indicado que podría tener buena ganancia por su cara de inocente. En un momento se miró al espejo y se preguntó si en verdad se veía tan inocente y desvalido como le decían.

 Al otro día visitó la agencia de nuevo y le dijo al hombre que lo haría. Él le sonrió y le dijo que firmarían un contrato formal y le tomaría algunas fotos, tanto para el archivo como para la promoción. Todo fue muy rápido y confuso y al día siguiente ya estaba en internet. El mismo tipo de la agencia le mostró como se veía su imagen allí. Le dijo que era el momento de empezar y así fue como Pedro empezó en el mundo de la pornografía. Al momento tuvo mucho miedo pero pronto se dio cuenta que no había nada que temer. Le pagaban bien, lo trataban excelente y el dinero ganado le permitió mudarse a un sitio mejor y ayudar a sus padres en el campo.


 Con el tiempo, lo contrataron para hacer películas y tomarse fotos y demás. Incluso lo contrataron como modelo para ropa interior y cosas por el estilo. Pronto se le olvidó todo respecto a su inocencia y surgió entonces una cara de Pedro que ni él había visto nunca. Una cara más luchadora que nunca y que le hubiese servido cuando habían abusado de él en tantas ocasiones. Sabía que su trabajo no era muy normal pero eso no le importaba. A nadie hacía daño y sí le constaba que hacía muy feliz a muchas personas y que podría ser mejor que eso?

viernes, 3 de julio de 2015

The last march

  After the Great War, the lone commanders of the Union that were still loyal to the ideals of their lost cause, decided to force thousands to march to the deserts. One would think people would rebel against this in a heartbeat but the truth was that they didn’t. They were all exhausted after having been prisoners and slaves for almost five years. They didn’t have any energy in them and the commanders were the only ones that, though deranged, still kept some integrity and ideals, even if they were twisted. The war had destroyed every major city and no government had remained after the last nuclear warhead had been either used or destroyed in the ocean. The world was no longer in chaos because humanity was broken and it would take a very long time for it to be fixed.

 The march went on for a year, by which the commanders had begun to show mercy to their prisoners as they were all in the same condition. As the climate always changed, everyone wore the same robes that were cool during the day, when the sun was specially harsh on the planet and were a bit warm during the very cold nights in the deserts. The people only marched and marched. Sometimes they rested, ate what they could find, mostly insects, small animals and plants, if they could find them, and they had all agreed to harness the largest amount possible of water and to share among the whole community of marchers. The commanders wanted a larger share for themselves but, in time, they stopped asking for special conditions.

After the first year was done, almost five hundred people had died from exhaustion or disease. Among those, many commanders, some of the hardest and cruelest among them, which explained why no one was being as evil as they used to be anymore. The commanders had always believed that their race was superior and that their values and morals were the ones that would make the world better. But now, the ones remaining secretly believed that to be just propaganda statements. In the desert, going almost completely mad, they understood they were not superior to anyone and that they are equally fucked by war and the decisions of men that weren’t there to be punished.

 Of the group that marched, there were not many children. People began to notice, after a while, that sexual desire had decreased after the war and that even when people had sex, children were almost never produced. The general belief was that many women had been rendered infertile by the radioactivity in the air. One of those cases was Yolanda, a woman in her thirties that used to have three children but now only had one and had been rendered sterile. The only child she had was now too skinny and his skin was a weird green hue. She knew he was going to die soon because of radiation and, when it happened, she barely even bury him. She had been prepared.

 Among the commanders, Rick Wolf was maybe the oldest one remaining. He almost forty years old and had joined the Union because he had believed it would lead to a better life for him and his family but that was proven to be false. He actually thought about it often during the long walks, and he had reached the conclusion that the most disastrous point of his life had been the one when he had worked for some of the mad men that had rendered the world into a barren dust ball. Even then in the desert, he had never felt guiltier and shocked that during the war, were officials were demanding to exterminate certain groups o for them to be examined. They had inspired themselves from the past because, he thought, humanity had always been rotten.

 Commander Johansson was much younger, not even reaching his thirtieth birthday and he was beginning to think he would never reach it.  The truth was that he was never too hungry and when they happened to capture a large animal in some large wasteland, he just wasn’t hungry enough to eat more than a bite. He knew it was the radiation that was eating him slowly. He probably had cancer but he did not want to know anything about it. He was kind of glad medicine was over because he wouldn’t be able to cope knowing what was going to kill him. He felt better like this, just walking without thinking and waiting for his death.

 Not all of them just walked. A man called Jeremiah had been named one of the leaders of the prisoners, which were no longer really prisoners, and he was the one that lead them and decided were to go next. In the morning, he was the first one to be awake and he would often go around the camp singing waking everyone up. The songs he sang were sad and very ancient but they made the trick: people were ready in no time and it was him who decided which way to go. He thought that they should go to Australia, a country that was rumored to be still full of life and only marginally affected by the war. Radiation may be present there but not in such large quantities like here so he tried to take them there but no ocean had been seen yet.

 No water bodies had been seen at all to be correct. All the lakes and large rivers appeared to have been vaporized in the war and the small amount of water they often found was the kind that poured from the mountains over rocks and that could barely be kept in any bottle or can. They just drank from it or licked the rocks and went on with their march. Most people had forgotten fast about the taste of the food that they had eaten before it all went to shit. They forgot about juices, about cooked warm meals and about water that you didn’t have to lick to be satisfied. Their memories were slowly dying and nothing could really be done to stop it.

 They all knew that, eventually, they were going to die. They also knew that it would happen much faster than usual and that the weak would go first. And so it happen during that first year when mostly children elderly people and the ones that had a proper disease just died stumbling down to the ground. Some people, the ones that still had any real feeling left, tried to bury them with sand or under rocks but they soon realized that was too much work and that they didn’t have the amount of energy to be doing that every time. So from then on they decided to just let the dead lay down on the ground and for the living to continue their journey in peace, or at least without worries.

All that could be seen on their walks was dead or dying. The few creatures that they had managed to hunt were skinny animals that were simply not enough for such a large amount of people. At first, when capturing an animal, they would let one of the commanders skin it and then cook it in some hot water they had found. But like burying bodies, that too proved to be just a waste of time and energy. With time, they began eating raw meat, which gave them the energy needed to keep going and live one more day. Because in the end, that was their goal, to just live one more day in this world that had been destroyed and that would eventually be empty and with no recollection that we, the humanity, had ever been here at all. All of our things destroyed, our individual stories rendered useless and forgotten in the abyss of time.

 People didn’t know why they wanted to keep living. But they did. Most of them still had hope that they could fin more people, maybe living like proper human beings, or maybe getting to that Australia place and live in peace for at least a couple of years. Some of the walkers still remembered the old world and they would often tell storied to the others, to keep them entertained. The commanders allowed this and they would too be enthralled by the stories of the man, who claimed men had walked on the moon and that they had created viruses to be weapons and how an entire country was blown up in a day by the forces of the Union before the war even started. Although most people thought they were just stories, it happened to be all true.

 People had forgotten who they were. Humanity was no more and just people remained, empty, like a shell that some animal has left in the ocean to be covered by algae and sand. People had no interests in the world anymore or on each other. Some were still more human than others but it was all the same because they all knew that they were the last generation to walk the Earth. Strangely, that didn’t make them nervous or crazy. They had just accepted it because they knew it had all happened because of them and now the consequences were upon them and not accepting them was not an option.


 The march went on for as long as ten more years. The last group, of no more than twenty people, finally arrived to what used to be the ocean. Now, it was a region of canyons and death. It was then when humanity disappeared.

jueves, 2 de julio de 2015

Un bar

 En un bar pasan demasiadas cosas al mismo tiempo y hay mucha gente, en especial las noches de fin de semana. La persona más notable, porque es quién más se ve y quién tiene que dar la cara por el sitio es el barman. Normalmente son tipos atractivos, que puedan venderle lo que sea a un hombre o una mujer. La idea detrás de su trabajo es simplemente impulsar el concepto del sitio y hacer que la gente consuma tanto como se puede. En el caso del bar Endor, el nombre del barman es Augusto, quién prefiere ser llamado Gus. Y así lo pone en una etiqueta sobre su camiseta para que quienes vienen a pedir tragos se sientan más en confianza y lo perciban a él como un amigo y no como un simple empleado. Gus es, como decíamos antes, el típico barman: un tipo atractivo que cuida de si mismo y sabe vender.

 Pero para la gente que lo prefiere, está la sección VIP o para personas que pagan más que los demás. En el bar Endor la sección a VIP es una sala apartada con algunas mesas y bastante espacio para bailar y charlar, así como el mejor surtido de licores del lugar. Mientras en la zona común solo hay unos cuatro tipos de licor, en la sala VIP se puede ordenar virtualmente lo que se quiera porque chicas como Alicia se encargarán de encontrarlo para el cliente. Ella ha trabajado en Endor desde que lo abrieron y sabe como son los clientes de la zona VIP: normalmente niños de papi con dinero para gastar y gente para descrestar. Y Alicia sabe muy bien como manejarlas sin que ellos se den cuenta.

 Finalmente está la persona que se carga del asea del lugar. En el día vienen dos mujeres de una compañía a limpiarlo todo y dejarlo reluciente pero de noche, cuando el sitio está lleno, el único que se queda es Raúl. Su único trabajo es quedarse en el lugar y estar pendiente de los accidentes que ocurren con frecuencia. Cuando hay gente que ha bebido de más, siempre hay charcos de algo en algún lado. Más que todo se trata de alcohol en el piso o en los asientos, cosas que se resuelve en un abrir y cerrar de ojos. Otra veces el trabajo se torna más asqueroso, porque la gente no solo tira sus copas y además tiene a su cargo los baños del lugar que son seis: tres para hombres y tres para mujeres.

 En el momento que inicia la fiesta un viernes por la noche, entra un grupito de amigos que viene a relajarse y a iniciar a uno de los integrantes en el alcohol. Se trata de Valentina y Lucía: la primera quiere que su amiga del trabajo por fin decida tomarse algo ya que nunca en su vida ha probado el alcohol. La familia de Lucía siempre fue muy conservadora y nunca celebraron nada con champagne o vino. Siempre se servían de bebidas gaseosas o incluso de agua. Con ellas venían el novio de Valentina y un compañero de trabajo llamado Pedro. Pedro sí que salía mucho pero este no era su tipo de bar.
 Gus le sirvió un trago a Valentina, que de hecho era para Lucía y luego empezó a revisar su teléfono celular. Había demasiado ruido y obviamente no iba a llamar a nadie pero estaba esperando un correo electrónico que debía llegar por esos días. Era tonto, pero la gente no creía que Gus tuviera algún problema de dinero y la verdad era que su situación era delicada. Se había mudado a la gran ciudad para tener un mejor futuro pero apenas podía sobrevivir. Y estaba esperando ganarse una beca para estudiar en Australia, para así tener una mejor educación y tal vez tener la oportunidad de vivir en otro país donde le pagaran lo justo. Hacía unos tres años, él había estudiado química en la universidad pero simplemente no había podido ejercer y la prioridad ya no fue desarrollarse como persona sino ganar dinero y ahora quería cambiar eso.

 En la sala VIP, Alicia entraba con un grupo de cuatro personas que tenían cara de tener mucho dinero. Ella sabía leer no solo el lenguaje del cuerpo sino también darse cuenta que tipo de ropa usaba cada uno de los clientes que entraban a su área. Con esa información, podía saber que productos ofrecerle al cliente y como hacer que hiciera una pequeña inversión en el lugar. Con este grupo era fácil: dos parejitas de dinero. Les ofreció cocteles con ginebra y un plato de sushi para acompañar. Pero lo malo fue que rápidamente se dio cuenta que uno de los dos hombres no era precisamente agradable y su novia era su versión femenina. Nada les gustaba: pidieron cambio de mesa, un rollo diferente de sushi y cócteles con más pepino porque el de ellos estaban mal rayado.

 No era muy tarde y Raúl ya había barrido tres charcos de alcohol del piso y ahora estaba limpiando su trapero en la llave que había en el cuarto de servicio. Era el único lugar privada del lugar y le gustaba quedarse allí seguido. Cualquiera sabía que lo podía encontrar allí y el podía fumar su marihuana en paz, sin molestar ni ser molestado. Pero estaba apenas armando su cachito cuando una chica entró sin golpear. Su maquillaje estaba corrido y parecía haber estado llorando. Llevaba además los zapatos en la mano. No se dijeron nada. Ella solo se sentó y empezó llorar más fuerte y el siguió con lo que estaba haciendo, como si nada.

 Valentina miraba a Lucía con atención, percibiendo cada pequeño gesto que la mujer hacía mientras tomaba un sorbo de vodka. La mujer se sacudió un poco pero dijo que no sabía tan mal como ella pensaba. Valentina se emocionó por esto y empezó a tomar bastante, llegando a estar borracha en menos de una hora. Su novio estaba un poco apenado por esto y solo encontró a Pedro, el compañero de trabajo, para hablar. Lucía solo tomó una copa y luego se fue a casa, cuando se vio que Valentina no se daría cuenta de ello. Los chicos se quedaron cuidando a la chica y, a gritos, empezaron a conversar y a formar una amistad.

 Gus servía y servía tragos como si no hubiera un mañana. Pero cada que podía miraba su celular y rogaba para que hubiera alguna respuesta. Se emocionó por un momento cuando vio la lucecita prenderse y era solo uno de esos mensaje promocionales. Trató de distraerse, cosa que no era difícil porque muchos de sus clientes le decían piropos y querían tomarse foto con él solo por su aspecto. Augusto era un hombre muy guapo pero a veces se aburría de recibir tanta atención por lo mismo. La gente pensaba que solo le interesaba verse bien e ir al gimnasio y, por alguna razón, alimentarse sano. Muchas chicas le contaban lo que ellas hacía para mantenerse en forma pero a él eso la verdad era que no le importaba. En el momento solo rezaba en su mente para que su deseo se volviera realidad.

 A la décima queja del tipo y su novia, Alicia estaba más que cansada. Ya había tenido que cambiar virtualmente todo lo que había alrededor de esa gente y seguían molestando, como si no tuviera ella nadie más a quien atender. Así que cuando el tipo se quejó por el sabor del cóctel de su novia, Alicia le dijo que si lo deseaba podía buscar al administrador para que hablara con él. El tipo se puso a la defensiva y le dijo que era una grosera que no sabía atender a los clientes importantes pero ella le dijo que los clientes más importantes eran aquellos que se comportaban de manera ejemplar. Así que tan solo se retiró y fue a la oficina del administrador que resultaba ser su tío. Él zanjó el asunto cuando el tipo indignado dijo que pagaba y se iba por la mala atención y el tío de Alicia le aclaró que no podría volver al establecimiento.

 Raúl, cansado del chillar de la joven, le preguntó que era lo que la tenía tan mal. Le contó entonces que había descubierto hacía un par de minutos que su novio la había engañado con una de sus amigas. Raúl se rió y ella lloró más pero él le aclaró, para terminar el lloriqueo, que era una tontería que llorara por un hombre y, peor, un hombre estúpido. Le pasó el cachito terminado y lo encendió. Entonces siguió una larga conservación, sentados sobre baldes, acerca de cómo la gente espera demasiado de otros, incluso si ellos ya hubieran hecho algo similar en el pasado o lo harían sin pensar.

 Valentina se había quedado dormida y para su novio era ya hora de irse pero la verdad era que no quería. Hacía mucho tiempo no conversaba de manera tan agradable con nadie más y Pedro había resultado ser un tipo muy simpático y bastante versado en multitud de temas. Habían hablado de política, religión, asuntos sociales y demás y habían descubierto que sus opiniones eran similares pero no idénticas. Algo culpable, el novio de Valentina tuvo una idea: llamó al hermano de la muchacha y lo hizo recogerla y llevarla a casa. Él se quedó con Pedro y siguieron bebiendo y hablando y riendo hasta que el sitio cerró sus puertas.

 Gus tomó su chaqueta y cuando estaba a punto de salir asustó a clientes y otros empleados con un grito. Había ganado la beca y se iba para Australia. Sin pensar, besó a la chica que tenía más cerca y ella quedó más que contenta.
 La policía llegó pero no por una riña ni nada parecido sino porque el niño rico los había llamado reclamando violación de sus derechos. Alicia tuvo que explicar todo lo sucedido pero la policía obviamente no había venido a escucharla.

 Raúl y la joven llorona se quedaron hasta el cierre fumando el cachito y salieron contentos y como amigos. La sorpresa más grande fue cuando Raúl le dijo a la chica que la llevaría a casa pero que tenía que orinar primero. Al entrar al baño de hombres, oyó gemidos de placer pero los ignoró y salió del baño sin más. Nunca se dio cuenta que era Pedro y el novio de Valentina que se habían caído más que bien y habían descubierto algo más que tenían en común.

miércoles, 1 de julio de 2015

Cruise ship

   The Excelsior was a marvelous machine. It was one of the biggest boats in the business and would carry passengers all over the globe. Each summer, the ship would do a completely different schedule: sometimes it would be sent to the Caribbean, some other times it would be sent to a very unique trip to Alaska or even Antarctica. Captain Jones had been at the helm since the ship had been operating and he never liked to be too far away from it. He was an older man now, with grown children and no wife so he could actually just live for his boat. Every morning he would do a tour of the ship, check every single section and even ask some of the passengers for suggestions, complains and any other issue they would like to communicate. He was always listening.

 The latest trip of the Excelsior had been through the Pacific, linking the US with Hawaii and then on to Japan. It was a very long trip and everyone in the crew was happy the journey was over. They could all go back home and be with their families but Jones remained in Tokyo, very close to the place were the Excelsior was under maintenance. Even in those days, he would go to the harbor and look at the ship for at least an hour. It was as if the cruise ship was his baby and he needed to know where it was and how it was doing every single second of the day. He didn’t do much else in Tokyo. His children had encouraged him, over the phone, to visit as many places as he could and to try new kinds of food but every ounce of adventure Jones had in his body was only related to the sea.

 When he was told that the ship’s maintenance would last more than scheduled, he got very worried and insisted on talking to the chief of the team that was doing the repairs. The man accepted to talk to him because he saw how much he cared about the ship and realized it was best if he knew. The boat’s engines had to be repaired as they appeared to be over strained by so many journeys. The hull also had to be reinforced due to the many voyages the ship had taken to cold waters were there was ice. The captain asked what he feared most: how long would it all take. The chief of the repairs told him that at least a year, if they were really fast.

The company then intervened and asked Jones to join other liners. He wouldn’t be captain in the next journey but they would try to find something for him to administrate as well as he had done with the Excelsior. But he was adamant that his job was to be a captain and that his ship was the one docked in Japan. They tried to convince him to take another ship but it was almost impossible. So the solution they found was to propose to him to take his vacations and come back when the ship was ready. Jones had not gone into a vacation for several years and being sixty-two years old, he knew there was not much more time to be a captain. So he accepted the vacations and demanded from the company to be notified about the Excelsior’s progress.

 Once he realized he was free to do whatever he wanted, he realized he had no idea about being free from duty. He had always being such a dedicated person but only regarding his job. There was nothing else he actually did that well and he needed a distraction for at least a year. He tried to get a job in another cruise line company but apparently they all knew about the Excelsior and about his love for the ship. And they were right; he wasn’t going to be at the helm of any other liner until his ship was out of repairs. He even tried getting into fishing companies but it wasn’t the same.

 He finally realized he had to take the vacation period seriously and decided to call one of his sons and ask him if he could stay with him for a couple of months. At first, his son was reluctant, telling him he had to ask his wife and children and that the house they lived in was too small. Jones knew for a fact that wasn’t true as his son was a lawyer for a large company and made tons of money, enough for a large house where his own father could spent a couple of months as he waited for his big baby to be ready. Some days later, his son called him back and told him he could come right away. Jones bought a ticket to Germany and went there immediately. During the plane trip to his son’s home, he realized he hadn’t ben in an airplane for several years.

 His son Robert picked him up at the airport and did a nice job welcoming his father into his house. They had prepared fruit punch and the children were all hugs and questions about Jones’s trips around the world. That first night, they went to bed late because of him. The following days were not as nice as that evening as the children were at school, Robert in his office and his wife would come and go many times during the day, despite not having an actual job. For a time, Jones thought the women was having an affair but he soon realized the real thing happening was alcohol. The woman reeked of it.

 The children’s interest started to decrease as their grandpa was seen more as an invader than as a nice guest. As he was always there, they were no longer interested in him. So Jones decided to take longs walks, at exactly the same time his son’s wife decide to take her alcohol fueled lunches with her girlfriends. He walked many kilometers in a day, checking out the stores in the way and the architecture. But he felt a little bit choked. He tried to sit down to get some air but that wasn’t it. After some more walks, he realized his body missed the ocean and its air. The city were his son lived was inland and there was not even a lake to go to. And the truth was that Jones felt alone everyday, as he had never felt before.

 So he decided, after only one month, to call his daughter Julie that happened to live in Panama as an artist. That country was surrounded by water and there was the canal where he could see large ships, something he loved. He had being then in his journeys many times but he had never touched the land. So he announced his decision and told the family he would leave them in a couple of days. They didn’t say much but it was obvious they were not very sad about his departure. They didn’t even take him to the airport and it was then when he realized he had never been close to his son. It wasn’t because of him that he was who he was. But that was ok. Jones didn’t want to ruin the last years of his life only to be liked as if he was a twelve year old. He just packed and moved on to the next adventure, as he always did.

  When he got to Panama, his daughter greeted him with a nice dinner and lots of kisses and laughs. She had always been a cheerful girl and had always been close to him, being the only one that called him at all during his journeys. It wasn’t something often but he loved when she did. She had married a photographer but then divorced him because he cheated on her so much. During dinner, he told her father that she had found out about so many women and some men that it had become unbearable. So she divorced and decided to pursue her passion of sculpting and she was doing very well for herself, doing works for many prestigious clients are the world.

 Jones stayed there for about four months. He loved the weather, which was very humid and very hot. He loved to walk around even if the city wasn’t made for it and, mostly, he loved to see the boats making line to enter the canal. His favorite thing was to go to one of the locks of the canal and check out every single boat that passed through. That easily became his favorite pastime and the people that worked there grow accustomed to his presence. He just wanted to be in a boat soon and the next best thing was to be there, watching every single one of them that passed through the country. It was kind of sad but he knew he had to be patient and just wait for the time he would be able to go back to Japan.

 One day, he thought about visiting his third child. His son Marco lived in New York and they hadn’t talked in several years. That was because his son had left home after high school due to Jones’s stubbornness. But it was right then when the company called and they told Jones the Excelsior was much worse than they had anticipated. The ship had not being properly repaired in the past and now it was beyond anything they could do. They would only lose money if they keep up the work so it had been decided it was going to be decommissioned. Jones was speechless and did not say a word for the next full day.


The following day he bought a ticket to Japan and told his daughter he was leaving to say goodbye to his ship but then they got into a fight because Julie thought the best thing to do was for him to go to New York and make amends with Marco. But his father was, once again, stubborn and putting his job first, as he had always did. She decided to let him do what he wanted and took him to the airport where they bid farewell. Jones thought about his daughter’s remarks but his life, and he was honest about this, had never been his family but that damn ship. That was the awful truth.